Cultura política y discriminación
México DF: CONAPRED, 2008
Se trata de una interesante publicación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, en México, que desarrolla la idea de la cultura política como uno de los factores que contribuyen o disminuyen la discriminación.
Se entiende por cultura política “la síntesis heterogénea de valores, informaciones, juicios y expectativas que conforman la identidad política de los individuos, los grupos sociales o las organizaciones políticas”(11). Del sustrato cultural se desprenden hábitos y comportamientos que implican una significación y que repercutirá en la sociedad de manera determinante, la manera en que la ciudadanía y las propias élites dominantes se acercan al poder y se organizan. Esa matriz cultural a su vez determinará en los contextos específicos un mayor o menor acercamiento a los valores de pluralidad, tolerancia, respeto a la diferencia, legalidad, derecho al disenso, que permean las relaciones de poder.
En este sentido la discriminación se entiende no como un hecho aislado sino como una relación de imbricación estructural en las que las prácticas y las normas son producto de la dimensión cultural específica, de las inercias que se crean en ella provenientes del tejido sociocultural, es así que cualquier acción política que no esté acompañada de cambios correlativos en el plano cultural no podrá conseguir el efecto estructural deseado. Por tanto la relación entre discriminación y marco cultural es determinante.
Hay también que tomar en cuenta que los agentes discriminadores en un espacio social son discriminados en otros, por lo que es necesario un complejo análisis de las conductas discriminatorias para desagregar los diferentes rasgos de las mismas y descifrar los rasgos de su variabilidad. Los actos de discriminación no son azarosos sino que provienen de funcionamientos observables en los aparatos de socialización como son la estructura familiar, la escuela, la educación, los medios de comunicación. Siendo los medios de comunicación los espacios de socialización más extendidos, los medios de socialización por excelencia, se hace necesaria una regulación que no fomente la discriminación pero sin llegar a ser una censura autoritaria. “La veracidad de la información, su contextualización y su alejamiento del sensacionalismo, así como la marginación de los mensajes en los que la violencia, la intolerancia y el desprecio a uno u otro sector aparecen como factores cruciales en la conformación de una cultura ajena a la discriminación”(19).
Esta perspectiva implica entender que el lenguaje produce subvaloración, rechazo y exclusión y es en sí mismo fundador de cultura porque es una de las más altas facultades humanas, la de simbolizar. Se entiende por tanto que la discriminación se asocie al prejuicio porque éste implica la inhibición del pensamiento, el menosprecio por la información y el rechazo al diálogo razonado. Es así que la discriminación genera formas de organización social y de jerarquización del poder. La discriminación por tanto no es un problema más, es un obstáculo estructural para la concreción de la democracia.
Los discursos de pluralidad se han enfocado en el ámbito jurídico, pero no han calado en el ámbito cultural, por lo que son asimilados no como coexistencia armónica sino con intolerancia, recelo, tensión y desconfianza. Ello deviene en actos de violencia como los que se viven en toda América Latina contra la mujer, la comunidad LGBTI, los indígenas y otros actores históricamente marginados. Hasta que la dimensión cultural no sea tomada en cuenta de manera seria, los cambios no se harán sentir.

